El contorsionista (y cómo expandir tus ideas usando “preguntas encadenadas”)

Carles Roselló El proceso de escritura 20 Comentarios

Helena, de pie, miraba cómo su marido se introducía en la pequeña caja de cristal. Era tarde y se habían quedado solos ensayando. "Mi vida es más estrecha que esa caja", pensó.

—Ayúdame —ordenó Samuel, que ya tenía todo el cuerpo, salvo un brazo, dentro de la caja.

Helena abandonó sus pensamientos, se acercó él y le colocó el brazo en el único hueco que aún no estaba lleno.

—Ya —dijo Samuel.

Helena cerró la tapa, aseguró los cierres herméticos y, con ayuda de la grúa, levantó la caja y la colocó encima de una pequeña piscina de paredes transparentes. Finalmente, la hizo descender y la sumergió en el agua. A partir de ese instante, debía contar sesenta segundos.

Mientras esperaba, Helena contempló aquella masa de carne cúbica y sintió una mezcla de angustia y asco. Hacía tiempo que no le amaba. Había olvidado incluso porqué le había amado. Aún y así, no se atrevía a separarse de él. Temía su carácter, sus gritos y unos golpes que, aunque nunca llegaban, siempre parecían estar a punto de hacerlo.

Sonó la alarma que marcaba los sesenta segundos. Helena tomó los mandos de la grúa, sacó la caja del agua y la hizo girar para apartarla de la piscina. El cristal goteaba y las gotas mojaban el suelo. Dentro, el amasijo de carne estaba quieto y relajado. Así recluido, Samuel parecía un animal dócil, incluso vulnerable, pero Helena sabía bien que cuando saliera de allí volvería a ser el de siempre. Samuel el duro, el impulsivo, el que jamás la dejaría marchar.

Este pensamiento la entretuvo y se oyó, atenuada por el cristal, una primera queja. Perdida en su tristeza, Helena tardó un instante en reaccionar. Fue solo un instante realmente, pero bastó para que Samuel se impacientara y empezara a gritar. Helena se asustó y se demoró otro instante. Samuel subió más la voz. Era una voz amenazante, como siempre, pero Helena notó que estaba lastrada por una inseguridad. Una inseguridad que, en un primer momento, ella no supo descifrar.

—No podrás escapar, Helena. Se sabrá, se sabrá…

Totalmente desprevenida, Helena sintió cómo el terror la agarraba por la nuca ¿De dónde salía esa idea? Ella jamás hubiera osado… Quiso apresurarse para así poder desmentirle y demostrar lo absurda que era esa sospecha, pero el miedo la había hecho caer muy hondo dentro de sí misma y ni sus manos ni su garganta llegaron a moverse.

—¡Sácame de aquí! ¡Sácame ahora, maldita sea!

La caja gritaba y se agitaba y con cada sacudida cogía más y más inercia hasta que empezó a balancearse. Helena comprendía que, con cada segundo que pasaba, con cada instante que tardaba en responder, la situación se volvía más injustificable, más irreversible. Él jamás la creería. Imaginó que dejaba la caja en el suelo, que abría los cierres y que de ella salía Samuel. Samuel el duro, el impulsivo, el que jamás la dejaría marchar. El miedo apenas la dejaba respirar. Entonces se miró las manos, que no eran suyas, y vio cómo agarraban los mandos de la grúa.

—Me la pagarás, Helena. Me la pagarás.

La grúa empezó a girar y se situó de nuevo encima de la piscina. De repente, la caja dejó de gritar.

—Helena, tranquila… —quiso razonar—. Todos nos confundimos.

Pasaron unos largos segundos más. Tal vez cinco. Tal vez treinta. Luego la caja empezó a descender. Mientras lo hacía, chillaba, amenazaba y maldecía, pero cuando terminó de sumergirse, el ruido se alejó y Helena se quedó sola. La caja se agitaba en silencio y, vanamente, agitaba la superficie del agua. Las manos de Helena soltaron los mandos de la grúa y sus pies la alejaron de allí.

***

Cómo expandir tus ideas usando "preguntas encadenadas"

Toda historia empieza con una idea.

Puede que la tuya sea un suceso curioso. O un momento trágico. O un personaje pintoresco.

Pero, sea cual sea el caso, una idea es solo un engranaje en la inmensa máquina que es una historia. Como autor, necesitas inventar el resto de piezas y eso nunca es fácil.

Si a veces has tenido problemas para enlazar una parte de tu historia con otra, sabes de qué hablo.

Hay muchas formas de resolver este problema, pero una de mis preferidas son las preguntas encadenadas.

¿Cómo funcionan? Veamos un ejemplo.

El punto de partida del cuento que acabas de leer, la idea que me despertó las ganas de escribirlo, fue el horror que me producía imaginar a un contorsionista muriendo dentro de una caja. Pero ese horror, por sí solo, no era suficiente para escribir un cuento.

¿Qué hice?

Empecé con una pregunta que me pareció importante ("¿Dónde ocurriría el incidente?") y dejé que la respuesta a esta pregunta me sugiriera otras preguntas. Cuantas más preguntas encadenes, más profundamente entrarás en tu historia y más rico será el resultado. Y no te preocupes por dónde empezar: la primera pregunta no es lo importante, lo importante es que empieces con cualquiera y luego tires del hilo. 

Aquí tienes un resumen de las que utilicé en este caso:

  1. ¿Dónde ocurriría el incidente? Tendría que ser un ensayo, pensé, ya que en un espectáculo con público alguien hubiera evitado el accidente.
  2. ¿Realmente sería un accidente? Me parecía difícil. Si las cosas se pusieran feas, incluso en un ensayo, los ayudantes siempre podrían sacarle. Así pues, opté por un asesinato.
  3. ¿Quién sería el asesino? Alguien de confianza, razoné. Solo así el contorsionista confiaría lo bastante en él para estar a solas en un ensayo.
  4. ¿Quién concretamente? Para aumentar la tensión, me pareció interesante que fuera alguien que le hubiera amado, así que elegí a su mujer.
  5. ¿Por qué querría su mujer matarle de este modo? No encontré un motivo claro, así que opté por un asesinato no planificado.
  6. ¿Qué provocaría que su mujer, a medio ensayo, decidiera asesinarle? Me parecía inverosímil que fuera un razonamiento suyo o una decisión tomada en el momento sin ninguna provocación, así que necesitaba que Samuel hiciera algo que forzara a su mujer de algún modo. Decidí que aterrorizarla era la mejor opción.
  7. Pero ¿terror a qué? A que la maltratase.
  8. ¿Y qué haría Samuel exactamente para que la mujer sintiera ese miedo? Pensaría (erróneamente) que ella quería matarle y ella, al ver en él esta sospecha, tendría la certeza de que, al sacarle, la pegaría. O la mataría.

Esto es solo un ejemplo, por supuesto, y el camino que deberás recorrer será diferente en cada caso.

¿Tienes una idea y no sabes cómo convertirla en una historia?

Experimenta con las preguntas encadenadas. Apuesto a que te sorprenderás. Y si estás satisfecha o satisfecho con el resultado (o si te has encallado y quieres que te eche una mano) comparte tu trabajo en la sección de comentarios.

¿Te gusta escribir?

Inscríbete a Escribir con método, un curso gratuito de introducción a la escritura.

Empezar ahora

(Más información aquí)

Comentarios 20

    1. Autor
  1. Has permitido que entrase tanta complicidad entre la mujer y la lectora que me olvidé de la angustia de morir de tal manera.

    Original la historia y sobre todo el escenario

    Gracias por compartir tus escritos y consejos.

    1. Autor

      Gracias a ti, Eva.

      Buena observación. Si te fijas, el cuento está narrado en tercera persona, pero se trata de una tercera limitada al punto de vista de Helena. Emocionalmente, este narrador está mucho más cerca de una primera persona que de una tercera omnisciente, de ahí que el lector se sienta mucho más cerca de Helena que de Samuel.
      Sea como sea, tu comentario me ha hecho pensar, ya que el motivo original por el que decidí escribir el cuento (la angustia del contorsionista), desapareció por completo de la versión definitiva. Parece que por el camino me enamoré de Helena… :-)

  2. !Pero qué forma de escribir Profesor!
    He disfrutado cada oración y aprendo siempre de tus publicaciones cuando quiero reforzar lo que me enseñaste en el curso.
    Gracias

    1. Autor
    1. Autor
  3. Padrísimo el cuento Carles. Estaba realmente asustada y me parecía difícil de creer que pudiera suceder algo así, sin embargo, todo es congruente y creíble en la historia… Hasta la respiración me cambió mientras leía.

    La idea de preguntas en cadena es justo lo que aplicaré para salir del encallamiento.

    Felicidades, y gracias por compartir tu trabajo y experiencia.

    Verónica.

    1. Autor

      Muchas gracias, Verónica. Me alegro de que el cuento te haya gustado y, más aún, de que te haya inquietado. Era algo que perseguía y me gusta saber que funciona. :-)

      Genial si las preguntas te ayudaron a desencallarte. ¡Adelante!

  4. Hola Carles, fascinante comienzo de una historia. Dan ganas de seguir leyendo y saber más sobre el pasado y el presente de Helena.

    Gracias por la información tan rica para seguir creciendo.

    Saludos, María.

    1. Autor
  5. Hola Carles, que buena historia. Me atrapó desde la primera línea, sobre todo con la frase “Mi vida es más estrecha que esa caja”. Es el comienzo que engancha. Ya que uno como lector se pregunta ¿por qué más estrecha? quería saber más. Otra frase detonante fue “sintió una mezcla de angustia y asco”, la palabra “asco” me pareció muy ingeniosa de utilizar en ese momento, ya que te permite entender el contexto de lo que está sintiendo, ya que angustia puede todavía significar preocupación por amor, pero el “asco” te ubica exactamente en el contexto que transmitiste.

    Otro detalle que me gustó bastante fue “Él jamás la creería. Imaginó que dejaba la caja en el suelo, que abría los cierres y que de ella salía Samuel. Samuel el duro, el impulsivo, el que jamás la dejaría marchar” A pesar de que ya habías escrito la última frase previamente en el texto, repetirla de nuevo en esta ocasión me pareció muy interesante e inteligente. Es una manera de darle a entender al lector, que Helena tiene un trauma, que está afectada por los mismos sentimientos agresivos de Samuel y que es un miedo recurrente.

    Gracias por tus consejos, saludos desde Venezuela.

    1. Autor

      Muchas gracias José Manuel.
      Has hecho, además, un análisis muy agudo. Todos los elementos que comentas son los puntos clave (o bisagra) del cuento: momentos en los que se añade algo nuevo que modifica la dirección de la trama.

      Un punto que no has comentado (y que fue el que más trabajo me dio), fue lograr que, para Helena, fuera inevitable asesinar a Samuel. Si te fijas, tuve que hacerlo en tres pasos:

      1) Después de sonar la alarma, Helena se despista:

      “El cristal goteaba y las gotas mojaban el suelo. Dentro, el amasijo de carne estaba quieto y relajado. Así recluido, Samuel parecía un animal dócil, incluso vulnerable, pero Helena sabía bien que cuando saliera de allí volvería a ser el de siempre. Samuel el duro, el impulsivo, el que jamás la dejaría marchar. Este pensamiento la entretuvo y se oyó, atenuada por el cristal, una primera queja. Perdida en su tristeza, Helena tardó un instante en reaccionar. Fue solo un instante realmente, pero…”

      2) Después Helena se asusta (y eso la entretiene aún más). Entretanto, y para que pase algo más de tiempo, yo cuento lo que hace Samuel:

      “Helena se asustó y se demoró otro instante. Samuel subió más la voz. Era una voz amenazante, como siempre, pero Helena notó que estaba lastrada por una inseguridad. Una inseguridad que, en un primer momento, ella no supo descifrar.”

      3) Samuel la malinterpreta y la amenaza. Esto asusta aún más a Helena, que se encuentra, sin quererlo, en un callejón sin salida:

      “—No podrás escapar, Helena. Se sabrá, se sabrá… Totalmente desprevenida, Helena sintió cómo el terror la agarraba por la nuca ¿De dónde salía esa idea? Ella jamás hubiera osado […]”

      Un abrazo,
      Carles

  6. Hasta ahora no había leído nada tuyo, que no sean tus consejos técnicos, muy bien logrados por supuesto. Pero este cuento que usas para el ejercicio, me parece excelente: limpio, preciso , redondo.
    Un pequeño aperitivo que me invita a adentrarme en tu obra.
    Saludos.

    1. Autor
  7. Me encantó el cuento. La angustia que sientes por Helena y la empatía hacia ella es magnífica. Podía imaginarme cada instante y compartir con ella esa respiración pausada al estar ante tanto estrés.

    Gran escritor y profesor.

    Saludos

    1. Autor
    1. Autor

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *