Palabras como puños (o cómo usar menos adjetivos y mejorar tu estilo)

Carles Roselló Lenguaje y estilo 56 Comentarios

No todas las palabras fueron creadas iguales.

Algunas son fuertes (marea, sangrar, abeto) y traen a la mente multitud de imágenes y asociaciones.

Otras son débiles (aparentemente, deprisa, completo) y apenas modifican el fluir del pensamiento.

Nombres y verbos suelen ser fuertes y, si tus frases reposan en ellos, tus historias cobran vida y los personajes saltan de la página y agarran al lector por la solapa.

Adjetivos y adverbios, en cambio, suelen ser débiles y cuando abusas de ellos tus textos se vuelven lentos, pesados, borrosos, imprecisos e, igual como ocurre con la frase que estás leyendo, aburren profundamente al lector que, soñoliento y confundido, comprensiblemente se plantea dejar de leer.

Si aprendes a usar menos adjetivos tus palabras reflejarán mejor tus ideas y maravillarán al lector igual como lo hacen contigo.

Conseguirlo requiere esfuerzo (¿qué vas a colocar en el lugar de ese adjetivo?), pero merece la pena.

Aquí tienes una guía que te ayudará a lograrlo.

1. Identifica los adjetivos y los adverbios

El primer paso para usar menos adjetivos y adverbios es encontrarlos. Así que, ¿cómo vamos de gramática?

Aquí tienes un repaso relámpago:

  • Los nombres designan seres: casa, perro, abrigo.
  • Los verbos designan acciones: amar, lanzar, frotar.
  • Los adjetivos modifican a los nombres: la casa grande, el perro viejo, el abrigo gris.
  • Los adverbios modifican a los verbos (y a otras palabras): amar apasionadamente, lanzar lejos, frotar enérgicamente.

Cuando acabes de escribir una frase o un párrafo, identifica los adjetivos y los adverbios. Esto te dará un primer diagnóstico.

Aquí tienes un ejemplo de lo que te estoy sugiriendo (adjetivos en rojo, adverbios en azul):

“Los adjetivos y los adverbios, en cambio, suelen ser débiles y cuando abusas de ellos tus textos se vuelven lentos, pesados, borrosos, imprecisos e, igual como ocurre con la frase que estás leyendo, aburren profundamente al lector que, soñoliento y confundido, comprensiblemente se plantea dejar de leer.”

2. No escuches los cantos de sirena: los adjetivos y los adverbios parecen bellos, pero no lo son.

Repite conmigo: “hablaba armoniosamente“.

Fíjate bien: “armoniosamente“.

¿No te parece bello el serpenteo envolvente con el que el “mente” arrastra a la armonía un poco más allá de lo que tenía previsto?

Cuando escribas, las palabras débiles intentarán seducirte. Y a menudo lo conseguirán.

¿Por qué?

Porqué a ti, que ves en tu cabeza aquello que quieres contar, te parecerá que ese adjetivo o adverbio lo describe perfectamente.

¿Acaso no es armoniosa su forma de hablar?, te dirás. ¿Por qué no puedo decir que “hablaba armoniosamente” si, realmente, hablaba armoniosamente?

Porque el lector no puede ver dentro de tu cabeza y decir que alguien hablaba armoniosamente, por cierto que sea, no le ayudará a sentir ninguna armonía.

Tu tarea como escritor o escritora no es decirle al lector lo que debe sentir, sino provocar en él ese sentimiento. Y eso no se consigue con adjetivos.

Cuando oigas cantos de sirena, tápate los oídos, o átate a un mástil, como hizo Ulises, pero no te dejes seducir. Evita los adjetivos y adverbios fáciles y esfuérzate en mostrar, mediante nombres y verbos, porqué su forma de hablar era armoniosa.

“Los adverbios son como el diente de león. Si encontráis uno en vuestro césped, os parecerá bello y único. Si no lo arrancáis, sin embargo, al día siguiente tendréis cinco, y cincuenta al día después… y luego, amigos míos, vuestro césped estará totalmente, completamente, avasalladoramente cubierto de dientes de león. Entonces los reconoceréis por la mala hierba que realmente son, pero ¡ay!, entonces será demasiado tarde”.

Stephen King

3. Elimina los adjetivos y adverbios redundantes

¿Qué tienen en común la blanca nieve, el frío invierno y las duras piedras?

Que las tres son expresiones redundantes.

Salvo excepciones, la nieve es blanca, el invierno frío y las piedras duras.

Reserva los adjetivos para la nieve azul, los inviernos cálidos y las piedras blandas y no malgastes la atención del lector con lo que ya sabe.

Algo parecido ocurre con los adverbios.

Alguien totalmente convencido está, simplemente, convencido.

Algo absolutamente perfecto es, simplemente, perfecto.

Tienes mucho que contar y la atención del lector está siempre a punto de abandonarte: ve al grano.

4. Busca alternativas para los que resistan

Una vez eliminados los redundantes, tu texto seguirá plagado de adjetivos y adverbios (los que hablan de nieves azules e inviernos cálidos).

No te rindas.

Aunque su función sea necesaria, aún puedes deshacerte de ellos y conseguir que tu frase impacte mejor al lector.

La primera alternativa es buscar un nombre (o verbo) que pueda sustituirlos:

  • En lugar de “un niño pequeño” puedes escribir “una criatura”.
  • En lugar de “tocó dubitativamente” puedes escribir “tanteó”.
  • En lugar de “un niño travieso” puedes escribir “un pícaro”.
  • En lugar de “tocó tiernamente” puedes escribir “acarició”.

Por último, si no encuentras ningún nombre o verbo que contenga la información que necesitas dar, intenta reconstruir la frase desde un ángulo distinto:

  • En lugar de “tecleaba deprisa” puedes escribir “sus dedos corrían sobre las teclas”
  • En lugar de “el metal brillaba” puedes escribir “el reflejo del sol, que daba de lleno sobre el metal, le deslumbró”.

5. Quédate con los buenos

Los adjetivos y los adverbios no son palabras perversas que debas evitar a cualquier precio.

Debes evitar el abuso, que desafortunadamente es la tendencia natural. Pero cualquier palabra, usada con intención, puede ayudarte.

Josep Pla, un escritor catalán tan controvertido como brillante, era un maestro en el uso de los adjetivos.

No los evitaba en absoluto y, para colmo, solía utilizarlos de tres en tres.

Pero nunca los improvisaba y dice la leyenda que, en el tiempo que dedicaba a elegir uno, podía fumarse un cigarrillo.

Ahí va un ejemplo (adjetivos y adverbios en cursiva):

“Jo no he estat mai feminista, però encara menys masculinista. Són paraules que em fan horror. Crec que els homes i les dones són absolutament iguals i, si he tingut alguna preferència, ha estat per les dones. Elles són el sexe fort.”

“Yo nunca he sido feminista, pero menos aún masculinista. Son palabras que me provocan horror. Creo que hombres y mujeres son absolutamente iguales y, si he tenido alguna preferencia, ha sido por las mujeres. Ellas son el sexo fuerte.”

Josep Pla

Conclusión: usa adjetivos y adverbios cuando no tengas alternativa, pero, incluso entonces, esmérate en tu elección.

Revélate contra la pereza

Minimizar el uso de adjetivos y adverbios te costará, sobre todo al principio.

Completar tus frases con ellos te permitiría decir algo pasable con poco esfuerzo, pero si quieres que tu prosa conmueva, necesitas hacerte amigo de los nombres y los verbos. Son duros de trabajar, pero son el camino.

¿Aceptas un reto?

Cuéntame algo en la sección de comentarios. Lo que quieras. Solo una condición: no puedes usar ni adjetivos ni adverbios.


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Comentarios 56

    1. Autor
    1. Autor
    1. Autor
    1. Autor

      Hola Pepe,
      ¡Que escurridizos son los adjetivos y los adverbios! ‘Muy’ es un adverbio, ‘objetivo’ un adjetivo y, siendo puristas, también lo son ‘tampoco’ (adverbio) y ‘ningún’ (adjetivo), pero estos dos te los perdono ;-)
      Con todo, tus líneas me han hecho reír.
      Un abrazo,

    1. Autor

      Perfecto. Pero me he quedado con ganas de saber más. ¿Cómo sigue este párrafo? ¿Cuáles fueron las emociones de las que hablas? Empezarás a notar la fuerza de los nombres y lo verbos cuando logres escribir párrafos enteros apoyándote en ellos.

    1. Autor
  1. Reducir los advervios y adjetivos requiere esfuerzo pero la lectura fluye como el arco del violín en manos del virtuoso. (¿¡Lo logré!?) Gracias por la lección.

    1. Autor
    1. Autor

      Buen ejemplo Nelly.
      Habrás visto, en tu ejemplo y en los de los demás, que obligarse a no utilizar adjetivos ni adverbios suele producir textos un tanto rígidos. Esto es un ejercicio y no hay problema en ello, pero, como comento en el artículo, en un texto real la prioridad es siempre la fluidez y la claridad. Si eso pasa por añadir adjetivos, adelante.

  2. “Y permaneció en el espigón, en silencio, observando el horizonte, hasta que el barco desapareció en la lejanía, acompañando a los rayos del día que quedaban por sucumbir. No pudo olvidar ese momento en el que su vida partió con él, hacia otros lugares; aquel instante en que comprendió que no volvería a verle.”

    1. Autor

      Excelente. Una imagen nítida y potente (dos adjetivos).

      Ahora bien, si el texto no fuera un juego, te recomendaría que usaras algún adjetivo: “los últimos rayos del día” hubiera sido una construcción más elegante que “los rayos del día que quedaban por sucumbir”. Como ya se ha dicho, los adjetivos no son siempre perjudiciales.

  3. quiero agradecer a Carles la tremenda ayuda que nos da al compartir, con verdaderos extraños, sus conocimientos…eres grande Carles, ya tendré tiempo para poder aprender más contigo, sigo escribiendo poesías y escritos, pero el tiempo por mi trabajo no me alcanza. infinitas gracias. me gustaria compartir tu curso “Escribir con Método”. en mi pagina de facebook y no se como hacerlo?

    1. Autor
  4. Buenas tardes. Me anoté en el curso gratuito y me ayudó a perfeccionar mi escritura. Los mails que sigo recibiendo me resultan esenciales para continuar mi camino hacia una edición de mis novelas y cuentos sin publicar. Gracias, de sumo afecto, por las sugerencias, las ideas y los métodos que nos ofrece.

    Requiere esfuerzo limitar el uso de adverbios y adjetivos, pero la lectura se vuelve comprensiva y dinámica.

    Gracias, otra vez.

    1. Autor
    1. Autor

      Además de evitar adjetivos y adverbios, has escrito un micro-relato. Bravo.
      ¿Crees que podrías pulirlo un poco más? Creo que merece la pena. Podría ser una pieza interesante.
      En concreto, sería bueno aclarar porqué el sueño le hizo levantarse con ganas de correr y porqué, al morir, soñó de nuevo (por qué todo acabó con un sueño, ¿no?)

      1. Y así fue como todo comenzó y acabó; con un sueño. Aunque creía haber logrado todo en su vida, aún sentía que le faltaba algo. Esa noche, como una respuesta a la incertidumbre que cargaba, un recuerdo de la niñez le hizo recordar su sueño de ser maratonista. Se levantó con deseos de saber qué tanto podía correr y murió sabiéndolo.; a los 101 años luego de recorrer 27 kilómetros su cuerpo se desplomó en el suelo, y soñando que cruzaba la meta su corazón se detuvo.

        1. Autor
    1. Autor
    1. Autor

      No, no. Lo comprendiste perfectamente. Lo único que quería decir es que esa no era el tipo de historia que me había imaginado. Un buen trabajo, en cualquier caso.
      Hablamos,

  5. Volaba con la rapidez del pájaro que creía ser, sin importarle susurros, insultos, miradas. Y desde la altura que había ganado no podía ver a los demás, y reía.

    1. Autor

      Gracias por participar. Buen ejercicio.

      La metáfora del pájaro me gusta, pero no entiendo por qué no podía ver a los demás. Libre del miedo al qué dirán, ¿no debería ver a los demás aún más claramente?

  6. Muchas gracias por tus enseñanzas y también por poner en marcha de nuevo mis neuronas:

    Escuchó carcajadas tras su tartamudeo. No podía entenderlo. ¿Por qué no les gusta un trino? Desoyó la orden del maestro que le indicaba repetir la frase sin errores. Cerró los ojos, desplegó sus alas y salió por la ventana. Volaba con la rapidez del pájaro que creía ser, sin importarle susurros, risas, miradas. Y desde la altura que había ganado no podía ver a los demás, y reía.

    Una colleja le devolvió a su asiento. Vio sus alas sin plumas y sus trinos le sonaron como palabras que tropezaban en su garganta. Volvía a oír los comentarios, las risotadas de sus compañeros de clase, los ojos que le miraban. ¿Por qué se había vuelto a transformar?

    ¡Yo soy un pájaro, un pájaro! -sollozaba.

    1. Autor
    1. Autor
  7. Hola Carles.
    Llevo bastante tiempo trabajando en una novela, y aunque la tarea se me está alargando mucho esperó crear algo que valga la pena leer.
    He pasado por muchos blogs con consejos y ayudas para escritores, y he de reconocer que el tuyo es de los que me han parecido más útiles. Entre otras fallas que cometo, tiendo a recurrir mucho a los adjetivos y adverbios, así que este articulo de aquí me irá genial para mejorar.
    Gracias por tus consejos ;)

    1. Autor
  8. Yo siempre intento que cada una de mis frases tenga garra, que al leerlas impacten y que al entonarlas parezcan una melodia que camina al son de los sentimientos que quiero evocar.

    1. Autor
  9. “En el reflejo escribió lo que su mente le decía…”

    ¡¡Que tarea difícil…!! jajaja

    Pero a ponerla en práctica. Gracias Carlés, por tan útiles contenidos para los que estamos aprendiendo.

    1. Autor
    1. Autor
  10. Hola Carles. Gracias por tus consejos. Voy a intentarlo…
    “La luz se apagó y la oscuridad lo cubrió todo. Él sabía que ella estaba allí. Podía sentirla. Olía su perfume. Pero sin verla, no podía saber si aprobaría lo que estaba a punto de hacer.
    Sin embargo, mientras el resto del grupo daba vueltas tratando de solucionar el imprevisto que había interrumpido la música y la danza, él extendió sus brazos, la atrajo hacia su cuerpo y la besó.”

    1. Autor

      Interesante…

      ¿Y si pruebas de cambiar el orden?

      “La luz se apagó y la oscuridad lo cubrió todo. El grupo daba vueltas tratando de solucionar el imprevisto que había interrumpido la música y la danza. [Él se quedó quieto]. Sabía que ella estaba allí. Podía sentirla. Olía su perfume. Pero sin verla, no podía saber si aprobaría lo que estaba a punto de hacer. [Aún y así] extendió sus brazos, la atrajo hacia su cuerpo y la besó.”

    1. Autor
  11. Me besas poco, dijo . Estábamos a oscuras bajo las sábanas, relajando los músculos. Estirándolos despacito. Fuera un día de no parar que comenzó al amanecer con un horario implacable. Citas, compromisos, recados, comida familiar y tarde de tareas.
    Su tono de voz , esta vez, no sonaba a reproche. No supe que decir….. Poco?…puede ser, pensé….la afectividad me cuesta expresarla. Pero con ella venciera esa barrera, o eso creía. Tenía que contestar, aunque no había pregunta. Ella se había callado pero seguía despierta. Su respiración era ténue, leve, casi imperceptible. La oscuridad ocupaba toda la estancia ,solo el cabecero recibía un lígero brillo que llegaba de fuera, de la calle y atravesaba el cristal del balcón .

    Gracias Carles por tus sabios consejos. Me ha resultado muy díficil sustraerme de los adverbios y adjetivos. Pero es verdad, cuanta paja. Un saludo. Estoy intentando escribir un relato.

    1. Autor

      Hola Carme,
      Me alegra que hayas visto el papel que suelen tener los adjetivos: adorno superfluo.

      Buen ejercicio, por cierto. Aunque se te ha colado algún adjetivo. Te dejo a ti la tarea de encontrarlos ;-)

      Suerte con tu relato.

  12. Hola Carles, gracias por todos tus consejos, son muy útiles.
    Tengo una duda. No sé si esta “ley” sobre adjetivos y adverbios se aplica por igual con independencia del público al que nos dirigimos. Quiero decir, lo último que he escrito es un cuento infantil y, revisando, he visto que tiene bastantes adjetivos (bueno, solo los justos :D).
    ¿En textos infantiles / juveniles aplica esta regla por igual? ¿Podemos concluir que, cuanto más joven nuestra audiencia, más adjetivos y adverbios podríamos utilizar? (sin saturar, claro).

    1. Autor

      Hola César,
      En la escritura, como en cualquier otra actividad artística, lo hay leyes, solo guías. Independientemente del público, un nombre preciso (dálmata) es mejor que un nombre impreciso al que añadimos un adjetivo (perro elegante). Pero es difícil opinar en abstracto, ¿puedes copiar aquí un párrafo de tu cuento?

      1. Se acercó a la orilla y se refrescó la cara en el agua. Levantó la vista y descubrió un flamenco albino en medio de la corriente. El flamenco la miraba arqueando una ceja con desdén. Se sostenía sobre una pata, con el cuello muy estirado.
        –Usted está perdida. Obviamente.
        –Un flamenco que habla. Me extrañé del loro pero…
        –Ya quisieran los loros expresarse con la mitad de la mitad de mi estilo. Incluyendo al rarito ese que se va escondiendo entre las ramas de los árboles.
        –¿Cómo puede ser que hables? Debo de estar soñando. O peor, muerta… –dijo María, mirando a su alrededor.
        –Obviamente no es usted muy hábil analista, ¿verdad, señorita? En su situación, no es esa la pregunta correcta… –el flamenco giró su largo cuello hasta situar la cabeza entre el cuerpo y el agua– …si me permite el comentario –añadió, y se la quedó mirando fijamente. Desde el agua saltó un pececillo plateado que el flamenco capturó con un movimiento rápido del pico. Al tragarlo se le escapó un pequeño eructo. Sonrió avergonzado.
        María meditó unos segundos.
        –Tienes razón. ¿Tú puedes decirme cómo llegar al aeropuerto?, ¿podrías ayudarme?
        –A la primera pregunta, respondo afirmativamente. A la segunda, también. Otra cosa es si lo haré –dijo el flamenco, y se volteó para darle la espalda con tanta fuerza que su pata flojeó y casi pierde el equilibrio.
        –¡Cuidado!
        –Me manejo bien sobre mi propio zanco, gracias –dijo el flamenco, que dio unos saltitos con las alas separadas del cuerpo para evitar caer–. A lo mejor pongo el otro en el suelo. Pero solo porque así lo deseo.
        María vio como del vientre del animal surgía la otra pata, igual de huesuda y albina, que bajó, despacito, hasta entrar en el agua.

        (Para darle un poco de contexto, la protagonista, María, se encuentra con tres animales mientras intenta salir de la selva, cada uno de ellos le aporta una enseñanza; el flamenco del fragmento es el segundo, el guacamayo del que hablan, el primero).

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